Enciendes tu ordenador dispuesto a encontrar esa información con la que llevas varios días en la cabeza, escribes la palabra en el buscador y presionas enter. Inmediatamente se despliega una amplia variedad de enlaces y a medida que recorres  los múltiples enlaces, descubres que hay un blog interesante sobre el tema que te interesa y automáticamente pinchas a ver si resulta interesante. No te convence y vuelves a la página anterior, retomas tu búsqueda y detectas nuevos enlaces sobre temas relacionados y los pulsas de nuevo. Al segundo aparecen multitud de nuevos enlaces y tu atención se detiene en un  artículo concreto. Pinchas y una vez dentro descubres que contiene un pequeño resumen de lo que buscabas pero que también, ofrece información sobre otros temas de tu interés, pinchas de nuevo y comienzas a leer y mientras procesas nuevos bits de información te topas con una palabra que desconoces y que te resulta confusa. No dudas y accedes al hipervínculo para aclarar su significado y….de repente miras el reloj y te das cuenta que llevas un hora navegando sin haber encontrado la información que pretendías

Te resulta familiar este episodio, pues sigue leyendo sin pinchar en ningún otro enlace por favor.

Cuando navegamos por la web es fácil que olvidemos el propósito inicial de nuestra búsqueda. Las tentaciones están a la vuelta de la esquina, los miles de enlaces relacionados pujan por nuestra atención segundo a segundo favoreciendo la dispersión y que con ello olvidemos el propósito que impulso nuestra búsqueda inicial. Sin embargo, a menudo, las consecuencias van más allá; pues no es solo el olvido y la pérdida de tiempo lo que nos hace sentir mal sino la sensación de falta de eficacia que se instaura en nosotros si repetimos con relativa frecuencia este tipo de acciones.

En su libro Superficiales Nicholas Carr (2011, paidós) escritor y periodista  especializado en la relación entre tecnología y sociedad, describe como la manera en que prestamos y dirigimos nuestra atención está cambiando a medida que los medios e instrumentos que utilizamos (ebooks, tablets, smartphones) van evolucionando.

La era digital a la que asistimos está promoviendo cambios en nuestra manera de prestar atención. Actualmente y dada la amplitud de información que gestionamos a diario, estamos desarrollando una atención cada vez más basada en el reconocimiento. Esta capacidad ofrece beneficios como distinguir un contenido de otro en milisegundos, mayor visión periférica,  pero no está exenta de costes. Al igual que nos acostumbramos a distinguir un contenido de otro en poco tiempo, también nos habituamos con gran rapidez a saltar velozmente de una unidad de información a otra. En este sentido, nuestra habilidad para profundizar en contenidos resulta cada vez menor y nuestra paciencia para hacerlo también.

Esta destreza en el reconocimiento a menudo resulta placentera ya que  genera la impresión de acumular y “coleccionar” conocimiento en poco tiempo. Sin embargo diversos estudios señalan que la mayor parte de esta información no resulta almacenada y tiende a olvidarse con facilidad. Es así como generamos mentes Superficiales afirma Carr y no le falta razón.

A su vez, no debemos olvidar que a medida que la mente se acostumbra a saltar de un contenido  a otro también se acelera y dispersa con mayor frecuencia, normalizando poco a poco el desarrollo de un estado en permanente búsqueda y vigilancia.

Mindfulness puede ayudarnos a encontrar breves espacios en el día a día para parar y reducir la dispersión mental, recuperando con mayor facilidad la calma y la concentración sobre lo que estamos haciendo.

No podremos cambiar nuestro modo habitual de funcionar en el mundo sino desarrollamos mayor consciencia sobre lo que hacemos y como lo hacemos. Nuestra atención es un musculo que se puede entrenar y desarrollar de la misma manera que puede agotarse si se ve expuesto a mucha información.

Por tanto, ¿que podemos hacer en la era de las distracciones? ¿Que acciones podemos comenzar a realizar para mantener el foco y estar más concentrados?

  1. Hacer breves ejercicios de atencion a la respiración (contando de 1 a 5 y 5 a 1 para mantener el foco).
  2. Dar breves paseos por el despacho manteniendo la atención sobre la planta de los pies
  3. Seleccionar o establecer una franja horaria para consultar emails, whatsapps etc dentro de lo posible.
  4. Quitar el volumen y las alertas del móvil y las de otros dispositivos digitales que nos avisen de que entran nuevos msj o correos.
  5. Comenzar y terminar tareas. Antes de comenzar puedes probar a hacer unas cuantas respiraciones y recordar cual es el objetivo de tu búsqueda. En este sentido puede ayudarte establecer un tiempo determinado para realizarla.
  6. Hacer breves descansos para evitar la fatiga y que la atención se disperse.

 

Guillermo Myro Domínguez

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